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¿Cuánto dolor cabe en una vida?

Libro “La niña Ámbar” de Ivonne Toro.




Este libro lo inicié en Santiago a pocos días de comenzar mi viaje a Ecuador, y lo terminé en Guayaquil, en mi dormitorio, con el aire acondicionado prendido porque la ciudad no se resiste de otra forma. Llevaba días leyendo "La niña Ámbar" con piano de fondo o los audífonos en silencio, sin conectar realmente con el lugar físico. Sólo el sonido blanco del aire y las palabras.


No quería que terminara. Había extendido la lectura un día más, como si posponer el final pudiera cambiar en algo las cosas. Sabía que al terminar las preguntas no se iban a detener. Y no se detuvieron.


En varios párrafos, sentí que algo me apretaba en la garganta. Era esa emoción que poco acostumbro a tener, rabia. Es la claridad brutal de que una niña supo exactamente qué necesitaba, protección, pertenencia, ser querida, y lo único que tenía para comprar eso era su cuerpo.


Desde que nació hasta que murió, estuvo vulnerada. No hubo un momento en que alguien simplemente la cuidara sin condiciones.


Pensé en la entrevista que había hecho años atrás a Mario Aguilera, un periodista que fue torturado durante la dictadura. Él dijo algo que me quedó grabado: "Como comunicador no puedes avalar ni la violencia, ni la tortura, ni la violación de los derechos humanos, en ningún lado". No en la dictadura. En ningún lado. Ni con los niños. Ni aquí. Ni en otro país.


Esta entrevista me marcó profundamente, por su forma de sobrellevar su historia, su mirada acuciosa sobre la actualidad, y cuando conversamos sobre los casos de niños en el Sename, él fue muy claro con su observación de que algunas personas vieron en esos niños desprotegidos un negocio viable, cuando ellos sólo esperaban un espacio con un poco de humanidad. Mario no separó su rabia, ni su conciencia sobre los derechos humanos, él la universalizó.


Este libro me hizo recordar otras historias, de las tantas que existen, pero que me ha tocado conocer de fuentes más cercanas. Recuerdo perfecto un día soleado de abril, en el que salimos a los jardines de la empresa después de almorzar, era algo muy habitual, salir y conversar, pero ese día fue muy distinto. Nos acercamos a la sombra de un árbol, y pese a mi alergia, nos sentamos en el pasto, se nos acercó el “chasca” la mascota acogida de la empresa. 


De pronto el ambiente se tornó serio, algo que pocas veces pasaba, la chinita como le decíamos, tomó aire, y pareció mirar el infinito antes de que su boca soltara la primera palabra. Nos comentó con sumida tristeza que estaba complicada… “Ay chiquillas, tengo una situación y no sé qué hacer”. Nos relató que veía cada ciertos días a un pequeño de unos 5 o 6 años que caminaba solo por su pasaje, por su aspecto ella notaba el descuido de la casa. Normalmente, ella con su espíritu maternal, le hablaba y le preguntaba si tenía hambre, y le daba algo para comer. O le limpiaba la carita. 


Es un pasaje con poco verde, donde las casas están juntas, y la distancia que las separa es corta. Los vecinos se conocen, aunque no comparten diariamente.


Ella sabía de dónde era este pequeño, no estaba perdido, pero así también sabía que no podía intervenir, “es una familia complicada, me bajarían a garabatos”, los vecinos también eran conscientes del caso. Y su mayor complicación era qué hacer, hablamos sobre el Sename, y me dijo con los ojos aguados “no soy capaz, tú sabes lo que pasa ahí”. Entonces claro, ella estaba de manos atadas. Se nos iba la hora del almuerzo y no encontrábamos una salida, como ayudarla a llevar esta situación. 


¿Por qué un niño de un pasaje de Santiago es distinto de un niño que vive una tragedia en otro país? ¿Por qué elegimos mirar sólo cuando está lejos?. 


Lo de Ámbar fue después de muchos otros casos, y sin embargo, el sistema sigue siendo poco confiable. Con este caso apenas se obtuvo un cambio cosmético, pasó de llamarse “Sename” a ser “Mejor Niñez”, ¿esto es real? sí, lamentablemente, ni siquiera se generó una investigación interna, algo que permita evaluar los puntos de error y ver cómo o qué se necesita para que realmente estos niños tengan una mejor niñez.


Lo más terrible de este caso es conocer a Denisse Llanos. Su participación en el crimen. Cómo en sus relaciones anteriores también expuso a sus hijos a situaciones de vulneración. Ella fue adoptada, tuvo acceso a estudios superiores, creció en una familia amorosa. Y decidió entregar sus hijos a sus parejas. Participó de esto tan horrible. No solo al final de la vida de Ámbar. También con su hijo menor, quien sufrió vulneraciones por parte de ella. Cuando fue entrevistada lloró con estertores. Sin embargo, no mostró arrepentimiento.


Esto mismo, mientras leía, lo conecté con otra historia que conozco, y que vuelve a confirmar que el sistema en nada ha cambiado, es un caso del 2025. Esto me lo contó una prima, y trata de algo muy similar. Ella me cuenta cómo el tribunal de Rancagua admite que un niño deje de vivir con su madre porque no le entrega la suficiente protección. Similar al caso de mi compañera, los vecinos denunciaron la situación, y cuando la visitadora social fue a la casa pudo constatar que las condiciones efectivamente no eran buenas, fue entregado al padre. Infelizmente, al igual como ocurrió con Ámbar, ante el reclamo de la madre, el niño fue nuevamente devuelto a ese hogar. Un pequeño que ni siquiera tenía ropa de su tamaño, que su peso estaba bajo, y que de colegio ni hablar.


Este es un libro incómodo, y difícil de digerir.


Vemos como el sistema falla una y otra vez, y donde además convergen diferentes aristas. Por un lado el Sename, que pese a conocer el historial de maltrato, saca a Ámbar de la casa de sus abuelos, donde sí fue cuidada, para regresarla con Denisse, existiendo un informe que la señalaba como alguien que no cambiaría, y que no era apta para el cuidado. Y por otro lado, vemos a un doble homicida, con rasgos psicopáticos, disfrutando de la libertad, una persona que con estos antecedentes nunca debió ser beneficiado.


¿Por qué el sistema, teniendo la información de que una madre no cuida, le devuelve a sus hijos?.




Cierro la última página de este libro en el dormitorio de Guayaquil, el aire parece más denso que otras mañanas, enciendo el aire acondicionado nuevamente, y me quedo pensando sobre cuánto dolor cabe en una vida, sobre las cifras del Sename, sobre la indefensión de los menores, y lo insoslayable que se hace no perder de vista lo que está ocurriendo.


Comentarios

  1. Concuerdo con tu reflexión. Cuando sé de casos así, pienso, en cuantos niños están siendo traficados sexualmente. Ya no sólo los vulneran, hacen de esto un negocio. Algunos raptados de hogares felices, otros nacidos de embarazos no deseados. De éstos últimos, está lleno el Sename.

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    Respuestas
    1. Así es, que distinto sería el mundo con más empatía.

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