Viernes
a las 19hrs, somos citados para participar de un recorrido nocturno por el
barrio Londres en Santiago Centro. Una vez ahí y con la marcha feminista ad
portas, me pregunto por qué no mejor participamos de la marcha y escribimos
sobre esto, sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula al iniciar la caminata.
Natalia Espinoza S.
El
punto de encuentro es en la iglesia San Francisco. Voy en una micro desde Providencia
hacia el centro, los pasajeros en su mayoría adultos lucen cansados,
seguramente es un trayecto lento hasta llegar a sus casas después del trabajo.
Los más jóvenes van preparando la junta para iniciar con ansias el fin de
semana. Ya falta poco para mi bajada, cuando veo motos y gran cantidad de
carabineros, pues es el día de la marcha feminista. Se reúnen a las 18.30 en Plaza
Italia, la micro sigue avanzando mientras la calzada sur está cerrada y se ve
como avanzan más grupos a la cita por plena Alameda. Todas con sus carteles y
algunas vestidas de forma especial, para expresar el descontento de una lucha
que lleva largo tiempo, pero que históricamente en Chile esta semana ha sido
además impulsada por alumnas de diferentes universidades, que se las han tomado
en forma de protesta por los abusos de parte de miembros de este tipo de
instituciones.
Llego
a mi destino, algunos ya están ahí. Me uno a la espera del resto de mis
compañeros. Finalmente, y con la mayoría, tomamos rumbo por la calle Londres. Ciertamente
este pequeño sector emplazado por edificios antiguos y sus calles de adocreto,
son una transportación a otro lugar, ya no parece Santiago centro.
Mi
primera bofetada es parar en Londres 38, y darme cuenta de que de todas las
veces que caminé por ahí nunca me detuve a observar. Este edificio se expropió
durante la dictadura a quienes lo habían adquirido en representación del
partido Socialista, y se convierte en uno de los centros de operaciones de la
DINA durante los años 1973 al 1975, donde se concibió, planificó y llevó a cabo
la detención, tortura, exterminio y desaparición de los opositores políticos
del gobierno.
Pasó
a ser conocido militarmente como el Cuartel Yucatán. No hay un número
concluyente sobre la cantidad de personas detenidas y torturadas que estuvieron
en este recinto, sin embargo, de acuerdo con la pagina del memorial, se
establece que se hizo desaparecer o ejecutó a 96 personas. Como estrategia del
gobierno de Pinochet, se cambia el número de este inmueble al 40, de manera que
las denuncias quedarán asociadas a una numeración no existente.
En
la calle hoy podemos ver placas de fierro grabadas con nombre, edad y la
militancia de las 96 personas que fueron desaparecidas desde esta casa. Ésta
era conocida por los sobrevivientes como “la casa de las campanas”, ya que
podían oír nítidamente cuando la iglesia San Francisco marcaba la hora. Además
de esto, algunos dicen reconocer el lugar cuando eran trasladados por los
agentes de la DINA, por los azulejos blancos y negros de la entrada, que eran
posible ver por pequeños espacios que dejaba la venda en sus ojos.
Los
testimonios que pude leer son realmente desgarradores, parecen salidos de una
película, pero no, espera, las películas son tanta ficción como lo que se pueda
imaginar el guionista, pero ¿qué es primero la realidad o la imaginación?, por
lo que puedo apreciar debiera ser la realidad. La dura realidad que a veces nos
negamos a creer que alguna vez pasó, por no investigar más y quedarnos con una
pincelada de la historia, para que no nos estrese. Una vez abierta la puerta de
las dudas nos podemos encontrarnos con un espiral de información, que nos cae
como un balde de agua fría. Bienvenida realidad.
“La
noche, las campanadas de la iglesia y el silencio, llegaba de nuevo el miedo
por mi y por todos los demás. En el día también se subía al segundo piso, pero
había ruido y eso enmudecía el dolor; escuchar otra vez los gritos era
insostenible, había parejas que eran torturadas al mismo tiempo, padres con hijos,
abuelos con sus nietos. Yo era padre, mi hijo tenía dos años y cuatro meses, no
quería que supiesen que mi señora y él existían. Eran capaces de todo” Mario
Aguilera, periodista y autor de notas testimoniales llevadas al teatro llamadas
“Caballito de mar”.
Tuvo
que pasar mucho tiempo y varios gobiernos desde el fin de la dictadura, para
que se pudiera recuperar este edificio. Principalmente porque Pinochet en el
año 1978 lo transfirió gratuitamente a un organismo financiado por el Estado y
estrechamente vinculado al ejército, lo que implicó que fuera utilizado e
intervenido por más de 25 años. Sumando además que los siguientes gobiernos no impulsaron
la recuperación de este inmueble.
La
fuerte movilización social fue determinante frente al desinterés de recuperar
un espacio que albergaba tanta memoria. Tras años de protesta para que fueran
tomados en cuenta, el colectivo “Londres 38” y otras agrupaciones fueron
considerados a fines del 2007 en el primer gobierno de Michelle Bachelet. A
pesar de que recibieron la declaración de “Monumento Histórico” en octubre del
2005, para el “Día del patrimonio cultural” del año 2008 recién realizaron la
primera apertura, y recibieron a 1300 visitantes, constituyendo la añorada
recuperación como un espacio de memoria.
Extrañamente
hermoso y desolador se ven las imágenes de la velatón que se realizan cada 11
de septiembre en el frontis del edificio. Victimas y familiares dejan una vela
y una flor por cada placa, que exigen verdad y justicia que tanto han
perseguido, pero además recordarnos de no olvidar la historia y reflexionar.
El
edificio que tiene por nombre “Espacio de Memorias”, al recuperar el sitio
original, con toda la carga emocional e histórica que conlleva, logra dar lugar
para honrar a las victimas y mantener su memoria. La intervención
arquitectónica fue mínima, para que permitiera narrar la historia por si misma.
Siguiendo esta misma idea, se instalaron las placas conmemorativas, y las
baldosas de mármol blanco y granito negro en el frontis. Al interior se colocó
una narración para los asistentes. El espacio puede ser visitado en dos
modalidades, auto-guiada o con un guía. Para ambos casos existen horarios
establecidos.
Finaliza
el recorrido y vemos la iglesia San Francisco con una tropa de carabineros de
fuerzas especiales, incluida una mujer, lo que me hace regresar de sopetón a la
marcha que a esa hora ya camina finalizando el trayecto en dirección poniente.
En los grupos finales las vemos bailando coreografías y cantando. Junto al gran
número de participantes aparecen las abanderadas por la Revolución democrática,
con Beatriz Sánchez en las primeras filas como era de esperar.
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